Por Octavia Mosciatti
Subdirectora de cuentas en Narrativa by Cadem
Este domingo se realizó en Nueva York un concurso, cuyo premio eran 50 dólares, de dobles no oficiales y no profesionales del actor Timothée Chalamet. Básicamente, personas que se parecieran al Laurie de Greta Gerwig. La convocatoria empezó días antes, organizada por Anthony Po, un YouTuber con 1.8 millones de seguidores, y fue más bien escueta: pegó carteles por la ciudad con una foto de la estrella neoyorquina acompañada del texto “Timothée Chalamet Look alike Competition – OCT 27 – 1PM. Washington Square park arch. $50 cash prize”. Más allá de la cantidad de jóvenes que efectivamente se parecen o tienen un aire al actor que llegaron al lugar de encuentro, la sorpresa del día fue el actor per se. Little Timmy Tim, como es conocido gracias a sus videos pre-fama, llegó como si nada al punto de cita y causó revuelo. La policía tuvo que llegar a calmar la situación y un Timothée falso fue arrestado.
Lo primero que pensé cuando vi este contenido (porque no sé si clasifica como noticia) fue “ay, qué amoroso, qué cabro más simpático”. Mi segundo pensamiento fue “uf, qué buena estrategia”. Y luego vino un tercer pensamiento: “soy una latera, no todo es estrategia, no todo es marketing, no todo es comunicación”. Y mi argumento mental final, que es lo que me lleva a escribir este post, fue que finalmente, de manera consciente o no, todo lo que hacemos manda un mensaje.
Claro, en el caso de un actor joven, guapo, nominado a un Oscar, es diferente. Está bajo la mira constantemente, con gestos, dichos, acciones analizadas, con su vida personal disectada y escrutada. En esas circunstancias, sí, probablemente piense las cosas antes de realizarlas. ¿Pero cómo se transfiere esta hipótesis al día a día de las personas comunes y corrientes como nosotros?
Lo hemos hablado antes en Narrativa, pero el lenguaje no verbal es una parte esencial de nuestra comunicación. Desde cómo nos vestimos a qué cara ponemos cuando nos dan una noticia, estamos comunicando algo. Incluso no aparecer transmite un mensaje, y brillamos por nuestra ausencia. Nuestra comunicación no se limita a las palabras que decimos, sino que se extiende a nuestras acciones y silencios.
La “ciencia” de la comunicación no es compleja. La enseñan en colegios con la típica materia: emisor, mensaje, canal, receptor, contexto, código. Pero hoy en día la estrategia de una comunicación efectiva sí puede ser un poco más compleja ya que hay muchos canales, muchos emisores, muchos contextos, muchos códigos, muchos receptores. Aunque el mensaje que queramos emitir sea claro, puede perderse en el enjambre de información que se publica, anuncia, publicita, descubre cada día. Es por eso que al momento de comunicar, es bueno detenerse y pensarlo dos veces. ¿Qué queremos decir? ¿A quién? ¿Cómo?
Todo esto va más allá de una comunicación corporativa de un CEO y sus subordinados o de un político intentando convencer a los indecisos de votar por él. También se aplica en lo cotidiano, en las interacciones más simples como comunicarle a tu hija que le quedó fabuloso su corte de pelo hecho por ella, pero que quizá, para la próxima, avise primero. Todo mensaje tiene una reacción, la veamos o no.
Al final del día, no sabremos si Timothée Chalamet llegó a Washington Square por el mero hecho que vio uno de los carteles en la calle y le causó gracia, o porque su agente le dijo que sería una excelente acción para posicionarse como uno de los IT boys favoritos, promocionar su próxima película, su perfume, o qué sé yo. A veces, hay que vivir con la incertidumbre y debatir mentalmente para después dejarlo ir.