(o cuando lo perfecto es enemigo de lo bueno)
Por María José O’Shea
Directora ejecutiva en Narrativa by Cadem
La semana pasada la encuesta 5C de Cadem preguntó a las madres chilenas con qué arquetipo de madres se definen: si son la mamá cocinera, la amante de la naturaleza, la controladora, la influencer, o la todo terreno, entre otras categorías. Un 32% optó por llamarse “todo terreno”.
Intuyo que el concepto es un disfraz, o un flitro, para a estar a tono con los tiempos. Intuyo que la todo terreno es la que se siente como una especie de pulpo que intenta a duras penas multiplicar sus tentáculos para atender a las infinitas demandas de la vida cotidiana. Es la mamá que trabaja y quiere ser buena en ello, la que tiene que estar en forma para durar más años y dar buen ejemplo a sus hijos, la que sabe de compras de supermercado, tareas, pagos de cuenta, turnos, regalos de cumpleaños. La que maneja sus redes sociales y los controles parentales, la que se saca fotos con los niños en la cruz del Manquehuito y aplaude a sus hijos cuando les dan el diploma de mejor compañeros. La que básicamente explota la capacidad de dividir su espacio mental en todos los compartimentos que significa el deber ser. Y entre ellos, dejar espacio para el disfrute.
La madre todo terreno es una máquina dispensadora de respuestas, de acciones, y muchas veces, de equivocaciones que conllevan una culpa difícil de dimensionar. Apenas tiene tiempo para parar, observar, y decidir quién quiere ser.
Ser madre es tan feliz como difícil.
En el mundo del sicoanálisis el lugar de la madre no es solo ese espacio de cuidado y contención. Desde los primeros días es el nido formativo, el abrazo donde los hijos comienzan a desarrollar su capacidad de pensar que luego los convierte en personas, en agentes morales. Esas personas, en el futuro, tendrán su identidad por o a pesar de su madre. Así de grande es ser madre, por eso es importante decidirlo. Las que han decidido serlo lo saben.
Donald Winnicott, pediatra y sicoanalista inglés, desarrolló una teoría muy bonita: la «madre suficientemente buena» (good-enough mother). Plantea que esa madre es la que logra satisfacer las necesidades básicas de sus hijos, entregándoles un entorno seguro y de apoyo, sin ser perfectas ni estar siempre disponibles. El objetivo es que el niño conozca la frustración y la resolución de problemas, lo que le permite desarrollar su capacidad de adaptación y su sentido de sí mismo.
Por eso mi invitación es a dejar el filtro, sacarse el disfraz. No es necesario ser todo terreno.Mejor elija cada una el terreno que le parece importante, y desde ahí, construya su propia maternidad.