A once días de las reñidas elecciones presidenciales, The Washington Post rompió su legendaria tradición -muy común en la prensa americana- de manifestarse a favor de una u otra candidatura. El Post, de propiedad del magnate Jeff Bezos, ha decidido abstenerse de apoyar a Kamala Harris -dicen que Bezos mismo paró la publicación-, justo en momentos en que una de las empresas de Bezos, Blue Origin, se reunió con Donald Trump.
Con esta decisión, el Post, cuyo slogan Democracy Dies in Darkness debutó justo antes del primer gobierno de Trump, sufrió una fuga de más de 200 mil suscriptores, además de la partida de personas emblemáticas de su redacción, y recibió críticas de emblemas del periodismo americano, como el mismísimo Bob Woodward, el hombre que destapó el caso Watergate desde el mismo Post.
Como contrapartida, The New York Times, declarado enemigo de Trump, ha acumulado cerca de 300.000 suscriptores durante este año.
Uno de los argumentos que los medios entregan para apoyar a Harris es la defensa de la prensa libre como un activo fundamental para el ejercicio de la democracia. Y Trump es y ha sido el rey de las fake news, de la manipulación de información y de intentos por regular medios contrarios a sus ideas.
Lejos de lo que pasa en nuestro país, desde hace décadas que los medios americanos tienen la costumbre de apoyar explícitamente en su editorial a una u otra opción electoral. En esa ocasión, el Post argumenta que al optar desde ahora por la “neutralidad” está volviendo a sus raíces, pues hasta la elección de Carter (el ’77)- salvo una vez, con Eisenhower-, el Washington Post no explicitaba sus preferencias.
Entre la avalancha de críticas que ha habido a la decisión del Post, han aparecido un par de explicaciones que vale la pena atender.
La primera vino de William Lewis, consejero adjunto del Post.
“Reconocemos que esto se interpretará de diversas maneras, como un apoyo tácito a un candidato, o como una condena de otro, o como una abdicación de la responsabilidad. Eso es inevitable. Nosotros no lo vemos así. Lo vemos como coherente con los valores que el Post siempre ha defendido y lo que esperamos de un líder: carácter y valor al servicio de la ética americana, veneración por el Estado de derecho y respeto por la libertad humana en todos sus aspectos. También lo vemos como una declaración de apoyo a la capacidad de nuestros lectores para decidir por sí mismos sobre esta, la más importante de las decisiones estadounidenses: a quién votar como próximo presidente”, dijo.
Luego agrega: “nuestro trabajo en The Washington Post es proporcionar a través de la redacción noticias imparciales para todos los estadounidenses, y puntos de vista de nuestro equipo de opinión que inviten a la reflexión y que ayuden a nuestros lectores a formarse su propia opinión. Por encima de todo, nuestro trabajo como periódico de la capital del país más importante del mundo es ser independientes”, concluye.
La argumentación parece impecable. Hablar por el trabajo periodístico, entregar información para la libre toma de decisiones.
Y luego salió el propio Bezos a enfrentar los cuestionamientos sobre esta decisión.
El dueño del diario escribe una columna para intentar explicarse. Pone el foco en el desprestigio que hoy tiene la prensa tradicional y que, de alguna manera, esta determinación drástica se hace pensando en el bien del periodismo y de los medios., en un contexto en que la gente prefiere informarse en otras fuentes menos confiables que se esparcen por la web.
También tiene un punto el señor Bezos.
El problema aquí es el momento.
No se trata de negarse a discutir si es pertinente que un medio explicite o no su opción electoral, pero las cosas tienen su oportunidad. Los tiempos son también hechos políticos.
Si creemos que la democracia muere en la oscuridad, levantar este mando de dudas a pocos días de la elección, parece casi una confesión freudiana.
Y más encima, a plena luz del día.
Maria José O’Shea
Directora ejecutiva de Narrativa by Cadem.