Una de nuestras tareas en Narrativa es adelantarnos a las necesidades que tienen nuestros clientes en las comunicaciones con sus stakeholders, porque el relacionamiento que tiene una marca u organización con su entorno es, finalmente, lo que hace a la marca. Una frase célebre que utilizamos mucho como guía es la de Marty Neumeier, que dice “A Brand is not a logo, a brand is not an identity. A Brand is a person’s gut feeling about a product, service, or organization.”
Ese “gut feeling” es clave, y es difícil de definir. Tiene que ver con aspectos no muy tangibles, es una sensación visceral que nos produce la marca. Lo bueno es que gracias al marketing y a los estudios como los de Cadem, tenemos una ventana bastante amplia para saber qué es lo que la gente siente acerca de una marca y y qué espera de ella. Por lo tanto, hay varios elementos nos pueden ayudar en ese sentido.
Uno de ellos son los regalos corporativos.
Al pensar en la historia de los regalos, hay que separar ambos tipos: una cosa es un regalo corporativo y otra cosa es un regalo a un amigo o a un familiar: por supuesto que son diferentes, pero los objetivos no son demasiado disímiles, ya que ambos gestos buscan establecer un lazo de confianza, de buena espina, de paz.
Los reyes magos le llevaron regalos a Jesús en señal de respeto, lealtad y veneración, y el viejo pascuero le lleva regalos a los niños que se han portado bien, pero a los que no se portaron bien, igual les llegan. Finalmente, los regalos son una manera concreta y física de demostrar afecto, y no necesariamente son una recompensa. De hecho, en muchos manuales de crianza desaconsejan dar regalos como recompensa para los niños: el regalo debe ser un gesto desinteresado, totalmente espontáneo de parte de quien lo regala, una pura expresión de afecto. Es un símbolo social con el que enviamos un mensaje: “sé que existes, y te aprecio, y este objeto lo representa”.
Los símbolos son importantes en las relaciones, porque generan un lazo entre dos personas: ahora que te regalé esta flor, tenemos un objeto-otro que nos une, y cuando veas esa flor te acordarás de mí.
Pero sería ingenuo pensar que los regalos corporativos nacen del más puro afecto y amor por nuestros clientes. Son, en realidad, una herramienta que tiene doble finalidad: la de agradecer y la de fidelizar.
La existencia de los regalos corporativos se remonta a civilizaciones antiguas, donde se intercambiaban regalos para construir y mantener alianzas. Por ejemplo, en el antiguo Egipto, los faraones enviaban regalos a otros gobernantes para demostrar buena voluntad y fomentar relaciones diplomáticas.
De manera similar, en la antigua China, el intercambio de regalos era fundamental para establecer lazos sociales y respeto entre líderes y comerciantes. En la Ruta de la Seda, una famosa ruta comercial, personas de diferentes culturas intercambiaban artículos valiosos como muestra de respeto y buena voluntad.
Los regalos corporativos siguieron evolucionando en el tiempo: en la edad media se establecieron aún más entre reyes y sus cortes, y luego de la revolución industrial los regalos comenzaron a ser producidos en masa y como una estrategia de marketing para mantener a la marca en la memoria de los clientes.
Hoy en día existen cientos de empresas dedicadas a producir regalos corporativos, y agencias como Narrativa son una buena contraparte creativa para generar regalos corporativos que no sean genéricos y aburridos, sino que tengan relación con el mensaje que la marca quiere transmitir, y que efectivamente generen un impacto en quien lo recibe.